comer bien

“Tengo que cerrar la boca”, o, “voy a dejar de comer”, son comentarios que con frecuencia escucho entre amigos, conocidos, y conversaciones de la gente en la calle, en el supermercado y cualquier sitio público.

Tal como se titula este artículo, la cuestión no es dejar de comer, yo diría que hasta para comer se necesita ciencia, sí, porque adquirir hábitos de alimentación saludable es un proceso gradual en el que vamos dejando aquello que vamos notando que nos resulta dañino, y al tiempo que el organismo se va adaptando y depurando, él mismo “pide” los alimentos que le hacen bien.

Les contaré que no creo en dietas milagrosas, alguna vez hice una creo, y, pese a que al parecer sí funcionan en el término de la inmediatez que tanto nos gusta -porque no nos gustan los procesos y en cambio queremos que todo sea en un chasquear de dedos- las consecuencias son poco saludables, el sonado efecto rebote es tan real como el hecho de que la eliminación de grasas no ocurre de la noche a la mañana, al hacer una dieta relámpago posiblemente perderemos masa muscular y agua (lo que engañosamente nos hará parecer más delgados y pesar menos). Lo ideal es comer de todo un poco, suprimir alimentos es peligroso, pues estos proporcionan nutrientes y energía necesaria para realizar las tareas cotidianas, y para el correcto funcionamiento de los órganos vitales del cuerpo. Además al privarnos de alguna comida del día desencadena en nosotros ansiedad, haciéndonos comer compulsivamente todo lo que se nos ponga en frente.

comida sana

Entonces empecemos por saber que debemos aprender a elegir alimentos saludables, es decir, en lo posible en su estado natural, que proporcionan nutrientes y son altos en fibra (avena, aguacate, remolacha, pimentones, brócoli, col, acelga, coliflor, zanahorias, espinacas, berenjena, calabaza, fríjoles, lentejas, ajonjolí, plátano, ñame, nueces, frutas…), estos dan sensación de saciedad; por otro lado evitar en lo posible alimentos procesados y altamente refinados que poseen un nivel elevado de calorías cuyo valor nutricional es nulo y carecen de fibra (galletitas, chupetas, confites, papas fritas, gaseosas, alcohol), estos, gracias a los saborizantes y aditivos artificiales suelen resultar sabrosos, pero, su alto contenido de azúcar aumenta la ansiedad provocando deseos de comer más promoviendo la acumulación de grasa corporal. Los prolongados períodos de hambre no son recomendables, lo ideal es hacer pequeñas comidas varias veces al día (5 o 6 que incluyan proteínas, frutas, carbohidratos complejos de calidad y grasa buenas) para mantener el metabolismo activo; cuando pasan más de 3 horas sin comer resulta que ya estamos hambrientos y es cuando empieza la ansiedad. Comer varias veces al día estabiliza niveles de insulina y mantiene a raya el apetito. El cerebro tarda 20 minutos en percibir que el estómago está lleno, comer de afán puede provocar comer de más, por lo tanto hay que aprender a masticar lento y a disfrutar la comida;

aprender a comer

Es posible aprender a llevar envases de comida al trabajo, aprender a controlar las porciones, la proteína no debe ser mayor a la palma de la mano, el carbohidrato complejo no debe ser mayor a tu puño cerrado, los vegetales deben abundar en el plato, las frutas podemos comerlas en las meriendas. Recuerda que lo que comemos puede ser nuestra mejor medicina preventiva o nuestro peor veneno, no pienses que comer saludable es comer insípido, existen numerosas recetas sabrosas, y bueno, tampoco hay que privarse en exceso, periódicamente hay que darse un gustico para “reiniciar” el metabolismo (yo lo hago una vez por semana). Recuerda tomar aproximadamente dos litros de agua por día, no esperes a estar sediento, lo cual es un indicio de deshidratación. Comer sano y limpio es un estilo de vida, no una dieta.

Escrito por Lina Montes para La Guía de Montería /@linamonteslo
Escrito por Lina Montes para La Guía de Montería /@linamonteslo

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