La maternidad no comienza con el nacimiento, sino desde que sabes que estás embarazada. Por eso el aborto no des-embaraza a la mujer,   la hace madre de un hijo muerto y convierte a su vientre en cámara de tortura y ejecución de un inocente.

Las mujeres ¿no merecen algo mejor, más digno para que luego su conciencia no las torture y recrimine por haber matado o tal vez descuartizado  a un inocente?

Una sociedad que ante un embarazo conflictivo, brinda aborto como solución, es una sociedad criminal. No permitamos que eso le pase a nuestra sociedad, ni a nuestras mujeres.

Defendamos la vida porque es un don maravilloso, un regalo de nuestro Creador. Y el hombre no tiene ningún derecho de eliminar una vida humana.

Sobre la tumba de de la pequeña Carolina Vandeput, la niña deforme por la talidoimida a quien mató su madre, hay un tremendo epitafio: “Las fieras no hacen eso. Defienden a sus cachorrillos.”

La iglesia católica defiende la vida y  no es que sea una “natalista” a toda costa. El Concilio Vaticano ll ha hablado de la “paternidad responsable”.  Hay métodos lícitos para regular los nacimientos.

El crimen nunca puede ser un método, por eso resulta abominable.